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A criterio deColumnasJuan Manuel Menes Llaguno

Crisis climatológicas como causa del movimiento de Independencia


Diversos son los estudios que se han realizado sobre las causas tanto internas como externas que propiciaron el inicio de la Guerra de Independencia de nuestro país en septiembre de 1810, todas de suma importancia para entender los móviles de este hecho histórico; sin embargo, recientes estudios, arrojan una causa más, considerada tan determinante como las hasta ahora aludidas para explicar la precipitación de los acontecimientos que llevaron al padre Hidalgo a emprender el movimiento independentista, pero sobre todo para explicar la gran respuesta de los campesinos del Bajío ante su convocatoria con la que logró reunir en menos de dos semanas un ejército de cerca de 100 mil insurrectos; la nueva causa que hoy se invoca,se desprende del estudio sobre las severas crisis agrícolas sufridas en el Virreinato, entre los años de 1807 y 1810, cuyas consecuencias se hicieron sentir en toda la década siguiente.
La fuente principal de esta nueva causa es el trabajo publicado por Enrique Flores Cano, Breve historia de la sequía en México, en el que dedica un extenso capítulo, a examinar, las diversas crisis climatológicas sufridas por la Nueva España y en especial las experimentadas en los años inmediatamente anteriores al estallido del movimiento independentista, en los que se suscita una de las más crueles y prolongadas sequias de la historia de la Nueva España, fundamentalmente en el Bajío y altiplano, áreas en las que estaba comprendido el altiplano de la actual entidad hidalguense.
Pero la gravedad de la situación en aquellos tres años —1807-1810— derivó no solo de la ausencia de lluvia, sino además de tempranas y severas heladas a las que se sumaron plagas de langosta, que redujeron a un tercio la producción de las cosechas, con lo que se ocasionó la más terrible hambruna de la historia novohispana, ello debido a la carestía de granos y otros productos del campo y por si esto fuera poco, en 1808 una epidemia de influenza, seguida al año siguiente de otra de tifo, incidieron entre los habitantes de la zona central del país, que desencadenaron una de las más elevadas tasas de mortandad. Una gaceta periodística en 1809, señalaba:
“Los indios tuvieron que salir de sus chozas…. y asaltaron algunas haciendas para apoderarse de cualquier grano que encontraran (Lo más notable) en estos asaltos es que los indios, aunque podían robar otras cosas no les interesó tomara nada, excepto maíz, frijol y otros granos, lo que demuestra que no estamos tratando con robo o con otros delitos del Código Criminal, sino con hambre”
Es importante destacar, que las sequías al final del Virreinato se habían convertido ya en crisis recurrentes, pues entre 1790 y 1807, existen datos perfectamente documentados, de al menos trece siniestros climatológicos, la mayor parte de carácter regional, de los que al menos, media decena, ocurrieron en las zonas centrales del país.
Elinor Melville, en un magnifico estudio sobre la ecología de la Nueva España, que lleva por título Plaga de Ovejas, Consecuencias ambientales de la Conquista de México asegura que el cambio de la vocación productiva en diversos puntos del territorio novohispano, se derivó de la transformación paulatina de la vocación productiva del suelo, al utilizarse terrenos otrora agrícolas para el pastoreo, condición que influyó de manera importante en el cambio ecológico, que desembocó en las graves y frecuentes sequías de finales del siglo XVIII y principios del XIX.
Si se parte de estos datos pueden entenderse las severas consecuencias de la crisis de 1807-1809 y con ello entender la gran respuesta que encontró el padre Hidalgo, al inicio del movimiento de Independencia a partir de la madrugada del 16 de septiembre de 1810, fecha en la que el ciclo agrícola de aquel año hacía estragos en la economía y la salud de miles de familias del campo guanajuatense, lo que explica, cómo pudo formar un ejercito que de los 44 hombres que reclutó en la parroquia de Dolores, pasó a más de 80 mil que participaron en la toma de Guanajuato, el 28 del mismo mes y año, es decir, en tan solo 12 días de recorrido por los siniestrados campos del Bajío, sumó a sus filas a prácticamente al 20 por ciento de la población agrícola total de esa región y de paso explica el carácter verdaderamente popular del movimiento que encabezó en aquella histórica jornada..
Esta circunstancia, también se observó en los territorios del actual estado de Hidalgo, donde los Villagrán —Julián y su hijo Chito— en Huichapan, así como José Antonio Centeno y Francisco Osorno en los llanos de Apan, secundaron con gran éxito la insurrección del padre Hidalgo, entre octubre y diciembre de 1810. La situación en estos lugares no distaba mucho de lo sucedido en el Bajío, haciendas y tierras comunales de los indígenas, se habían visto colapsadas por la sequía, el trabajo para los peones escaseaba, el encarecimiento de los alimentos era alarmante y como corolario el malestar social fue patente. Solo una salida tenían quienes querían sobrevivir a la crisis, lanzarse a la lucha para redimir sus carencias mediante el botín, que arrebataría a los peninsulares los pocos medios de manutención requeridos en los desolados pueblos y comunidades.
De esta manera, a las causas que tradicionalmente se han estudiado como fuente de la Guerra de Independencia, hoy, debemos agregar esta, tan importante o más que las anteriores y con ello explicar los avances iniciales del movimiento de Independencia.

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