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A criterio deColumnasGuillermo Corrales

Continuar apostando por la profesionalización de la función electoral


Con cada proceso electoral se aprende algo nuevo, se experimentan nuevos retos y se acumula un patrimonio tan intangible como importante: la experiencia. Este análisis puede ser visto desde cualquier trinchera de la esfera político electoral, pero situémonos desde la perspectiva de la autoridad electoral; el árbitro.

En los últimos años en nuestro país y en la mayoría de las democracias en desarrollo, tales como las latinoamericanas, ha venido permeando un fenómeno —en muchos casos bien ganado, hay que decirlo— de desconfianza social frente a sus autoridades, cuestión que hemos comentado en este Espacio Abierto; hay un déficit de confianza de la ciudadanía hacia lo público.

La materia electoral desde luego que no es la excepción, se podría incluso decir que esta desconfianza se ha enfocado más en todo lo que tiene que ver con los procesos electivos de las autoridades, particularmente en México y de manera muy recordada, en la época de los años ochenta, cuando, por cierto, y para que no se nos olvide, el árbitro electoral era parte del Poder Ejecutivo a través de la Secretaría de Gobernación.

Que no se nos olvide tampoco lo vivido en la elección presidencial de 1988 y que fue uno de los grandes motivos políticos por los que en la década de los años noventa se creara un organismo electoral que se ciudadaniza y posteriormente logra su autonomía constitucional al que se denominó Instituto Federal Electoral (IFE) y que a la par de él nacieron en cada entidad federativa los organismos electorales locales y que luego de 2014, a través del Sistema Nacional de Elecciones con el Instituto Nacional Electoral (INE) como autoridad rectora, se ha demostrado que el modelo funciona y es exitoso, dicho no sólo por quienes integramos estas autoridades, sino por los propios resultados electorales y las alternancias del poder en todos los niveles que ha habido en México.

Dicho esto, una de las enseñanzas más grandes de estas últimas tres décadas es que la materia electoral requiere de especialización, de capacitación permanente y sobre todo de profesionalización. El servicio civil de carrera del otrora IFE, hoy INE, es decir, el Servicio Profesional Electoral Nacional (SPEN) es uno de los más robustos del Estado mexicano, gracias a sus mecanismos de selección, ingreso, capacitación, profesionalización, promoción, evaluación, rotación, permanencia y disciplina y el cual, en la reforma de 2014, se fortaleció llegando también a los Organismos Públicos Locales Electorales (Oples).

De cara a las múltiples propuestas de reformas electorales de hoy en día, la eficacia de las autoridades electorales incluso ha hecho ver la función electoral como una cuestión que cualquiera podría hacer, pero no nos equivoquemos, si se ve así no es porque sea una responsabilidad sencilla de lograr, sino por el nivel de eficacia de miles de personas en el país que desde las autoridades electorales anteponemos el profesionalismo electoral a la grilla política.

Continuemos apostando por la profesionalización de las autoridades electorales ante cualquier intento de modificación constitucional y legal, valoremos que gracias a nuestro modelo electoral es como hoy, nos guste o no, contamos con un sistema electoral robusto, sí mejorable, pero sin duda eficaz, funcional y serio.

Como en toda actividad humana, siempre hay cabida para la mejora a través de los cambios que correspondan, pero que estos obedezcan siempre, por lo que hace al funcionamiento de las autoridades electorales, a razones técnicas y no políticas.

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