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A criterio deColumnasMarco Moreno

Volviendo a la brecha


Han pasado algunas semanas y no henos tocado el tema ambiental en este espacio. De hecho, es el tema que más interesa en este espacio, pero había sucesos que valía la pena comentar, pero, una vez hecho, hay que regresar a la senda del ambiente, hay que estar en la brecha misma.

La realidad ambiental del estado es algo que no podemos ignorar, cada día se nos presenta en diversos lugares de Hidalgo y en variadas circunstancias, desde el manejo inadecuado de los residuos sólidos urbanos por los ayuntamientos hasta el trasiego irresponsable de los desechos tóxicos y peligrosos.

El deterioro es algo que nos ha acompañado en las últimas décadas de manera ineludible, desforestación de bosques y de recursos no maderables, utilización de áreas de importancia ecológica para las ciudades del estado, desarrollo urbano desordenado y provocador de devastaciones amplias sobre todo en las zonas metropolitanas.

Empresas que jamás debieron operar en los lugares en los que se encuentran, responsables de impresionantes desastres. Empresas extractivas con patente de corso para destruir el ambiente de Hidalgo sin que haya frente a ellas acciones reales, decididas y encaminadas a romper el círculo vicioso de crecimiento económico sobre la devastación ambiental.

El futuro ambiental de Hidalgo no es halagüeño, se encuentra marcado por los daños ambientales que las empresas cementeras generan al extraer sus materias primas y por la emisiones contaminantes que descargan a la atmosfera.

Por las emisiones de partículas menores a 2,5 micras (PM2,5) que invaden la región de Tula y que hasta el momento solo han encontrado el silencio profundo y doloroso de las autoridades o el tibio discurso de ya estamos haciendo algo.

Los enormes tajos de la empresa minera Autlán, la más poderosa del estado porque nadie, nunca se ha atrevido a tocarla, ni la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, ni la Procuraduría Federal de Protección al ambiente, ya ni hablar de las autoridades locales.

La establecidas en Zimapán, las que presionan una y otra vez sobre el Parque Nacional los Mármoles para ampliar sus operaciones, vaya, las mimas que son responsables de los drenajes ácidos que se generan en tiempo de lluvia en la zona.

Las empresas extractivas, las certificadas como empresas limpias y por ello, libres de responsabilidad ambiental, las mismas que hasta hora no han sido llamadas a cuentas.

Hidalgo enfrenta un difícil panorama en el ámbito del cambio climático, los impactos negativos de este, se ven exacerbados por las actividades económicas que se desarrollan en él; el impresionante desorden ecológico territorial de la entidad aumenta los riesgo de profundizar los impactos.

La planeación económica y de desarrollo fuera del marco del cambio climático es el peor error, el más garrafal error que se puede cometer porque deja debilita el bienestar y los derechos humanos de los hidalguenses.

Si miramos los cerros que circundan la zona metropolitana de Pachuca, miraremos como poco a poco han ido perdiendo sus matorrales y como de pronto surge una casa aquí luego otra más allá y al final, tenemos un fraccionamiento irregular nuevo.

Esos cerros son parte de una zona protectora federal decretada en el año de 1937 y con un decreto vigente, mismo que permitiría a la autoridad ambiental del estado promover una zona metropolitana de conservación, si estuviera dispuesta a escuchar.

Con cada metro cuadrado que perdemos de matorral, un sin número de especies migran buscando un refugio y nosotros perdemos servicios ambientales que son indispensables en una ciudad que un día tiene una calidad regular del aire y al siguiente mala.

Los que saben dirán que exageramos que los servicios ambientales estás asegurados porque contamos con suficiente espacio enmontado en los cerros, pero esa es una realidad aparente e incierta. Cada fraccionamiento que se apertura, carecen de áreas verdes y la misma ciudad pierde las pocas con las que contaba.

Podemos enumerar una gran cantidad de problemas ambientales en la entidad, la tala clandestina la perdida de la selva media y baja, la contaminación de mantos acuíferos, la amenaza del bosque de niebla de Tlanchinol por la minera Autlán.

Sin embargo, lo más importante, lo más fundamental es que frente a los problemas necesitamos actuar y decidir. Establecer de manera clara las posibles soluciones ola solución concreta a cada uno de ellos.

Sin acudir a la complejidad del problema como excusa para no atender, ni al pasado para buscar responsables de estos. Los problemas están aquí y ahora, de su solución depende el bienestar de los hidalguenses, pero también el pleno disfrute de sus derechos humanos. Ni más ni menos.

 

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