fbpx
A criterio deColumnasSalvador García Soto

Vientos de guerra en el PRI


Con la decisión del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, de cortar el diálogo con los exdirigentes de su partido que le exigían apertura, inclusión y que reflexionara sobre sus malos resultados electorales y sobre la grave crisis política que vive el viejo partido, queda muy claro que la profunda división interna que vive el priismo no se va a resolver en lo inmediato y que, en la medida que los grupos priistas no se pongan de acuerdo, se afectará no sólo a la supervivencia de ese partido, sino al futuro de la Alianza Va por México con el PAN y el PRD.

Porque la disputa interna en el PRI, que afloró con el rompimiento que ayer hizo público el dirigente nacional Alito Moreno, no se trata sólo de una lucha por el control del otrora poderoso partido ni se refiere únicamente al control de la estructura partidista y territorial, sino al interés por administrar lo que queda del viejo partido ya no en este momento ni en la coyuntura actual, sino con miras a la sucesión presidencial del 2024. Lo que está a punto de provocar una guerra civil en el PRI, es la definición de cuál de los grupos internos decidirá las candidaturas no sólo a la Presidencia de la República, sino a la Cámara de Diputados y al Senado dentro de dos años, y quién debe negociar con la Alianza Va por México las definiciones que se tomarán para la próxima elección presidencial.

Alejandro Moreno volvió a confirmar ayer, al negarse a dar continuidad a sus reuniones con los exdirigentes nacionales del PRI, que no es un político de palabra y que no respeta los códigos tradicionales de la política priista. Porque al sentirse acorralado por los grupos internos de su partido, que le pidieron primero reflexionar su renuncia y, ante su compromiso de terminar su presidencia en agosto de 2023 y de no buscar la candidatura presidencial del priismo, optó por no dialogar más con ellos ni escuchar sus planteamientos, remitiéndolos al Consejo Político Nacional, el órgano interno donde él tiene el control absoluto y en donde no prosperará ninguna propuesta de la disidencia interna que no tenga su aval y su consentimiento.

A los expresidentes del PRI que en la pasada reunión del 14 de junio en la sede nacional priista, optaron por creerle a Alejandro Moreno y por pedirle solamente una mayor apertura e inclusión en el partido, ayer les quedó claro que quien dirige su partido no está dispuesto a ceder el poder ni a permitir que otros grupos distintos al suyo controlen la vida y los órganos internos del partido, con lo que los orilla a buscar otro tipo de métodos para tratar de resolver la crisis interna que hoy vive el partido tricolor tras las estridentes derrotas que ha sufrido en 20 de las 21 elecciones estatales que ha enfrentado en los últimos tres años, durante la actual dirigencia nacional partidista.

El problema para el PRI es que, en medio del desgaste al que se encuentra expuesto el actual dirigente nacional, las definiciones políticas que tendrán que tomarse en los próximos meses resultan, literalmente de vida o muerte para el viejo partido. Por ejemplo, la decisión de quién será la candidata o candidato de la Alianza Va Por México a la gubernatura del Estado de México resulta vital para la supervivencia del priismo.

Otro de los acuerdos que más preocupan al bloque de los ex dirigentes, es el compromiso que hizo Alito, sobre que no buscaría ser candidato a la Presidencia de la República y que iba a terminar su presidencia en agosto de 2023, justo antes de que comience el proceso electoral federal de 2024.

Esa es la parte que más preocupa en este momento al grupo de los expresidentes del PRI. El temor es que Alito Moreno, que ya demostró que no tiene palabra al haber traicionado y exhibido públicamente a su compadre Manuel Velasco, tampoco cumpla su promesa de dejar la presidencia del PRI en agosto de 2023. De llegar a ocurrir eso, entonces sí ardería el PRI. Lo único seguro es que, si se termina de desfondar el PRI, también se llevará con él a la Alianza Va Por México.

Porque sin el PRI, difícilmente una alianza entre el PAN y el PRD resultaría competitiva y en el 2024, estaríamos asistiendo al triunfo inevitable de Morena que, salvo que se registrara una ruptura interna con un candidato como Marcelo Ebrard, postulado por partidos de la oposición en las próximas elecciones presidenciales, no habría manera de evitar que el lopezobradorismo se siguiera en el poder al menos por seis años más. Los dados mandan Serpiente. Semana difícil y complicada.

Mira las columnas de Criterio Hidalgo  

Noticias relacionadas

Back to top button