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ColumnasFin de Semana

Una vida más feliz, perdonándote a ti mismo (parte II)


Cuando te niegas a perdonarte no cambias el pasado (eso no es imposible), pero paralizas tu presente y limitas tu futuro.

Estimados lectores, el día de hoy continuaremos con el tema de cómo perdonarnos a nosotros mismos, con las pautas que comenté el artículo anterior y otras más que están en este.

Al ir practicándolas te darás cuenta de que tus grandes cargas van cediendo y te vas liberando de lo que no te corresponde para sentirte pleno y feliz.

Busca ayuda psicológica o espiritual

Si no te gustan los psicólogos o hablar con extraños, siempre tienes la opción de ir a tu iglesia. Los asesores espirituales también entienden de emociones y te podrían prestar ayuda, y más si es alguien de tu confianza. También si eres creyente, puedes rezar, se ha comprobado científicamente que la oración posee un efecto curativo sorprendente.

-Comprométete a perdonarte a ti mismo

La mayoría de las ocasiones es difícil perdonarnos a nosotros mismos, no tanto por el hecho del sentimiento de culpa, sino porque somos negligentes y no hacemos nada.

-Quejarse es peor que no hacer nada

Por tanto, establece el sano compromiso de hacer todo a tu alcance para sentirte bien. ¿Toma tiempo? Sí, pero vale la pena. Vivir lleno de lamentaciones no tiene sentido. La vida tiene un centenar de cosas bellas para ofrecer y te las puedes estar perdiendo por estar llorando en un sillón.

Asume la responsabilidad de tu vida y de tu error. No te victimices, todos pasamos por circunstancias adversas, pero lo que nos hace grandes es superarlas y seguir.

-Medita

Una vez que ya has comenzado a actuar sobre lo que, sí tienes al alcance, es hora de que sanes internamente. La meditación es un proceso fantástico; si eres persistente, curaras las heridas.

Dado que la meditación no es un proceso fácil, puedes optar por algo más sencillo, como desahogarte con un terapeuta, amigo o familiar de mucha confianza.

Solo recuerda que no es sabio caminar encadenado al pasado.

-El perdón es liberador

En ocasiones nos cuesta perdonar porque sentimos que hacerlo implica justificar un comportamiento erróneo. Nos aferramos al rencor pensando que este constituye una especie de penitencia hacia quien obró mal. Sin embargo, la única persona que sale herida es la que se niega a perdonar. Guardar rencor es como tomar veneno y esperar que el otro se muera.

Lo mismo ocurre cuando no nos perdonamos a nosotros mismos, somos incapaces de hacerlo porque, tal vez, las consecuencias que generamos fueron dolorosas y desagradables. Sin embargo, no podemos volver atrás en el tiempo y cambiar lo sucedido. Seguir reprochándonos solo nos llena el alma de amargura y nos impide continuar nuestro camino.

La culpa sin acción es el sentimiento mas inútil que existe, no alivia ni al culpable ni al ofendido. En su lugar es preferible actuar y resarcir el daño causado, pedir perdón y hacer lo que está en nuestras manos para compensar. Pídete perdón por lo negativo que trajiste a tu vida con tus decisiones erróneas y trata de compensarte. Libérate y sigue adelante.

Mientras estés aprendiendo, no estás fallando

-Hoy me perdono a mí mismo

Llegados a este punto, creo que habrás comprendido cómo el perdón juega un papel curativo en nuestras vidas. Evidentemente no es sencillo. Perdonar a otro o perdonarse a sí mismo jamás serán acciones fáciles. Toman tiempo y, sobre todo, agallas.

Como te decíamos, siempre tienes la opción de desatenderte del asunto hasta olvidarlo, pero a la larga eso no te dará ni paz interior ni la capacidad de gestionar debidamente tus emociones. No es la forma correcta de proceder.

Si te atreves a actuar, lograrás cambios. Al igual que casi todo en la vida, se requiere movimiento, acción (así la meditación se defina como “sentarse quieto sin hacer nada”). La decisión finalmente es tuya.

Por último, trata de modificar la imagen que tienes del error: no es el enemigo, no es un elemento negativo que hay que eliminar de nuestra vida. Errar no nos hace malas personas, no merecemos ser castigados de por vida.

El fallo forma parte del aprendizaje, nos enseña a conocernos y a mejorarnos, seguramente, el peor error de tu vida te ha traído una valiosa lección que no tendrías si no lo hubieras cometido.

Asegúrate siempre de extraer sabiduría de tus errores, mientras estés aprendiendo, no estás fallando. Perdonarse a uno mismo es permitirse avanzar.

En definitiva, deja de culparte de tu pasado, date una nueva oportunidad, eres merecedor de experimentar una vida plena y libre, tienes derecho a caerte y levantarte, a tomar decisiones equivocadas y aprender de ellas. Tus errores no te definen, lo hace la actitud que tomas ante ellos.

Compréndete, perdónate, aprende y sigue adelante sin ese pesado lastre.

Si tienes alguna duda o algo te inquieta, escríbeme y con gusto te ayudo.

Como siempre, les deseo larga vida, salud y prosperidad.

Hasta la próxima.

Alberto Tristany Zarauza,

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