La fortuna de Emilio Lozoya- Criterio Hidalgo

La fortuna de Emilio Lozoya

Emilio Lozoya es un hombre afortunado. Hijo de uno de los políticos más encumbrados del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, Emilio Lozoya Thalman, el Principito –como le apodan algunos– nació en cuna de oro y estudió en las mejores escuelas (ITAM, UNAM y Harvard). Además de español, habla inglés y alemán. Su esposa es heredera de uno de los imperios de bebidas más grandes de Europa y él heredero de influencias y una fortuna incuantificable que aprendió a gestionar desde distintos fondos de inversión con sede en paraísos fiscales. Fue director para América Latina del Foro Económico Mundial y oficial de Inversiones en el Banco Interamericano de Desarrollo. Su único pecado, dicen sus cercanos, fue pervertirse cuando fue director de Pemex en el sexenio de Enrique Peña Nieto. Pero hasta eso puede librar con todas las gestiones que ha hecho su padre y los abogados liderados por el influyente exmagistrado Baltazar Garzón, quien se encargó de cerrar filas con el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, y con el consejero jurídico de la presidencia, Julio Scherer. ¿Qué más podría pedir Emilio Jr., un representante del neoliberalismo salvaje, emblema de la corrupción mexicana y ahora testigo protegido de la 4T?

En octubre de 2017, en un arrebato de poder e impunidad, Emilio Lozoya dijo a sus detractores que tenía recursos y tiempo de sobra para “romperles la madre” por criticarlo y acusarlo de corrupción. ¿Hacia quiénes iban dirigidas esas palabras? ¿Hacia los personajes que considera lo traicionaron, como el exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray? ¿O estaban dirigidas a los periodistas, a los funcionarios de la Auditoría Superior de la Federación que encontraron serias inconsistencias en las adquisiciones de las plantas de Fertinal y Agronitrogenados, y en el uso indiscriminado de las aeronaves de Pemex? ¿O en contra de otro de sus archienemigos, el entonces titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, Santiago Nieto, quien ahora encabeza la Unidad de Inteligencia Financiera y le ha congelado cuentas?

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No se sabe a ciencia cierta quién o quiénes eran los destinatarios de ese mensaje, pero la extradición de Lozoya a México ha probado las dos cosas: que tiene recursos (dinero e influencia), y tiempo (se tomó todo el que quiso para planear su estrategia legal mientras vivía a salto de mata en España) para “romperles la madre” a sus enemigos del gabinete peñanietista, a los legisladores que supuestamente aceptaron sobornos para aprobar la reforma energética y a los propios funcionarios de la 4T con los que se alió y hasta al mismo presidente, quien en su intención de ganar fichas para las elecciones de 2021, está ensuciando un proceso que pudo haber sido ejemplo de su tan cacareada cruzada contra la corrupción y la impunidad.

Las primeras declaraciones de Lozoya ante las autoridades judiciales de México no aportaron nada. El exdirector de Pemex se limitó a negar la compra a sobreprecio de la planta de Agronitrogenados a la empresa Altos Hornos de México, del empresario Alonso Ancira, preso en España y con una solicitud de extradición. Ancira se deshizo hace poco de su empresa, que pasó a manos del consorcio Villacero. El cambio de manos estuvo asesorado por el consejo jurídico, Julio Scherer. Según el presidente Andrés Manuel López Obrador, Villacero se comprometió a regresar por lo menos 200 millones de dólares del sobreprecio al que AHMSA vendió la planta de Agronitrogenados a Pemex. ¿Qué clase de acuerdos palaciegos son estos?

Según las declaraciones de Lozoya, fue su amigo y compadre Alonso Ancira, quien durante la campaña de Enrique Peña Nieto y en el periodo de transición depositó a sus cuentas el equivalente en dólares a 34 millones de pesos, con los que adquirió la casa de Lomas de Bezares que está dentro de las investigaciones por peculado. Lo que no dijo la FGR es que el dinero supuestamente provino de una asesoría entre septiembre y noviembre de 2012, respecto a una obra de ingeniería urbana, como lo dimos a conocer la semana pasada en la columna El plan Lozoya, como show de Netflix, con lo que ambos quedarían ‘limpios’.

La complicidad y compadrazgo entre Ancira y Lozoya están probados, y el plan que acordaron los abogados del exfuncionario con el fiscal y el consejero jurídico de la 4T, va conforme al guion: la victimización de Lozoya, quien argumentará que Videgaray y Peña Nieto lo presionaron para comprar Agronitrogenados y Fertinal.

La peor parte de la historia es que Lozoya sí podría librar la cárcel, igual que su familia y los cercanos que supieron y participaron de todos los actos de los que se le acusa.
No cabe duda: Emilio Lozoya es un hombre con mucha fortuna.

Mario Maldonado

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