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ColumnasMario Maldonado

Hugo López-Gatell, el Fugo

Hugo López-Gatell siempre fue escurridizo. Acostumbrado a evadir sus responsabilidades con facilidad y anteponer sus aspiraciones personales sobre las colectivas, así lo recuerdan algunos de sus compañeros de la Facultad de Medicina de la UNAM y quienes trabajaron con él en el Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán, en la época de los 90.

Le apodaban el Fugo por la facilidad con la que huía de sus responsabilidades cuando le correspondía realizar los ingresos de pacientes en el Instituto Salvador Zubirán por irse a la grilla. Las posiciones políticas siempre fueron su prioridad.

Fue poco más de 25 años después que López-Gatell se logró colar en el gobierno de la Cuarta Transformación en un cargo relevante, como subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. Su relación con Jorge Alcocer, titular de esa cartera, no solo le facilitó proponer y cabildear una serie de regulaciones a las industrias de consumo del país, sino que le abrió una oportunidad imperdible para lograr el protagonismo que deseaba: la crisis del coronavirus le cayó como anillo al dedo (AMLO dixit).

El pretexto para entregarle la conducción de la crisis del Covid-19 fue que en 2009, cuando la influenza AH1N1 hizo crisis en México, él era director general adjunto de Epidemiología en la Secretaría de Salud.

El presidente ha dicho que su facilidad de palabra lo puso ahí, pero la realidad es que López-Gatell se le subió a los bigotes a Jorge Alcocer y le vendió a AMLO su animadversión con el gobierno de Felipe Calderón, quien terminó echándolo de su administración en plena crisis sanitaria por ineficiente.
Hoy el subsecretario y vocero de la epidemia del coronavirus está completamente rebasado y desacreditado por todas las pifias que ha cometido en la gestión de la crisis: la reacción tardía en el cierre de actividades, los cálculos errados en los contagios y muertes, su condescendencia con el presidente López Obrador, quien se rehúsa a usar cubrebocas y ha minimizado la pandemia, y más reciente por el cinismo y desdén con el que suele desautorizar las investigaciones científicas y periodísticas, así como las opiniones de organismos internacionales que evidencian el mal manejo de la crisis de salud en México.

Apenas ayer martes, The Economist puso a la Ciudad de México a la cabeza de las ciudades que tienen más subregistros de muertes por Covid-19. Según una plataforma estadística del medio británico, por cada muerte registrada en la capital del país pudieran existir entre tres y cuatro no registradas.

El subregistro de muertes en el país, cuya contabilidad se concentra en una plataforma del gobierno federal que opera la Secretaría de Salud, ha generado varios desencuentros entre los gobiernos locales y Hugo López-Gatell. A finales de mayo, durante una reunión privada, la jefa de gobierno de la Cdmx, Claudia Sheinbaum, explotó contra el subsecretario de Salud: “¿Cuándo le vas a dejar de mentir al presidente”, reveló el periodista Carlos Loret.

Según asistentes a esa y otras reuniones previas, Sheinbaum cuestionó, como muchas investigaciones periodísticas y modelos científicos, la metodología usada por López-Gatell para contabilizar y proyectar los contagios y muertes por Covid-19.

Como este episodio se cuentan muchos más que terminarán por salir a la luz una vez que el desastre en la gestión de la crisis termine y López-Gatell sea llamado a rendir cuentas. Mientras eso sucede, el subsecretario sigue metiéndose en problemas y espantando la inversión privada, como si no hubiera sido poco el daño que le ha hecho a la economía por sus pronósticos fallidos y la pésima administración de la crisis sanitaria.

Hace unos días, envalentonado por el apoyo que le ha mostrado el presidente a su cruzada contra los llamados productos chatarra, López-Gatell llamó a los refrescos y otras bebidas procesadas “veneno embotellado”, lo que desató un fuerte reclamo de las empresas de este sector, algunas cuyos dueños y accionistas principales no son queridos por AMLO.

Pero más allá de la animadversión personal del presidente con empresarios de este sector, el propio Hugo López-Gatell arrastra un conflicto de interés. Uno de los principales promotores de las regulaciones al etiquetado frontal de alimentos y bebidas procesadas en México es la fundación Bloomberg Philanthropies, del magnate estaounidense Michael Bloomberg, la cual ha financiado campañas en contra de las tabacaleras, refresqueras y grandes empresas de alimentos procesados en varios países.
Hasta ahí todo bien, excepto porque López-Gatell tiene un doctorado en Epidemiología por la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, alma máter de Michael Bloomberg, su principal financiero. El ahora subsecretario fue asistente investigador del Departamento de Epidemiología, al igual que su exesposa Arantxa Colchero Aragonés, quien actualmente forma parte del Instituto Nacional de Salud Pública en México.

El Instituto Nacional de Salud Pública de México, que asesora con “investigación objetiva” a la Secretaría de Salud, recibió entre 2014 y 2018 un total de 74 millones 782 mil pesos de Bloomberg Philanthropies, con lo cual se convirtió en la segunda fuente de financiamiento del organismo.
Así que López-Gatell le debe mucho a su alma máter y a la fundación que lo apoyó en Estados Unidos y en México… y parece que se lo está pagando.

Mario Maldonado

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