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A criterio deColumnasHéctor de Mauleón

La noche de Iguala, según “Carla”


Qué relato más inquietante. El exprocurador Ignacio Morales Lechuga cerró las páginas del expediente de Florence Cassez, con más dudas que certezas, y se comunicó con el embajador francés, Daniel Parfait.

Un testigo protegido bajo el nombre clave de “Carla” declaró ante la fiscalía que investiga el caso Ayotzinapa que el 26 de septiembre de 2014 un jefe de sicarios de Guerreros Unidos, el Peyton, le avisó que había “un carro con gente que quiere entrar a Iguala”.

“Carla” dijo que se movió en una combi hasta la entrada de la ciudad y vio que había unos autobuses detenidos. Había también cerca de 50 o 60 jóvenes boteando. Tomó varias fotografías de los muchachos y se las envió al Peyton.

Este le regresó algunas de esas fotos, marcadas. En ellas aparecían tres jóvenes: “uno de gorro rojo, que era güerillo, alto… otro de chaleco negro medio gordito, pelos parados, y el otro de playera blanca, no muy gordo, llenito”.

Con las fotos, venía un mensaje en el que, según su declaración, el jefe de sicarios le decía que tuviera cuidado “con esos tres”: le ordenaba “que no entraran porque eran Rojos”.

“Se llamaban –declaró ‘Carla’ en noviembre de 2020– el Chilango y el Cochiloco… y el otro no recuerdo”. 

¿Pudo comenzar así el infierno que esa noche se vivió en Iguala? “Carla” relató que le dieron la orden de apostarse en una calle y que el Peyton le llamó más tarde para “que nos pusiéramos las pilas porque ya estaba el desmadre”.

Hacia las diez de la noche, tres sujetos fueron por “Carla” a una esquina. Los identificó como el Minsa, el Gallo y el Comandante Pérez. Traían amarrado al joven que en su declaración identificó luego como “El Chilango”.

Se internaron en las calles de la colonia Pemex, junto a un canal de aguas negras. Según la declaración, ese fue el joven estudiante de la normal rural de Ayotzinapa al que esa noche el Minsa desolló.

La declaración de “Carla” forma parte del conjunto de deposiciones con que la fiscalía intenta construir la nueva versión del caso Iguala. En el expediente, además del testimonio de Gildardo López Astudillo, el Gil (uno de los cinco jefes de sicarios de Guerreros Unidos, al que se identifica como “Juan”), desfilan también otros testigos amparados bajo un nombre clave: Azul, Neto, Samuel, Moisés, Damián, William, Aldeano

“Carla” es uno de los testigos que, según las declaraciones consultadas por el columnista, atestiguó en contra del entonces coronel, y hoy general brigadier, José Rodríguez Pérez: lo acusó de realizar “actividades” en favor del grupo delictivo: una de ellas, ayudar a la organización a transportar drogas y armas, aprovechando que (a los militares) “nadie los paraba en la carretera”.

Según se desprende de la declaración de “Carla”, Rodríguez Pérez y sus hombres detuvieron alguna vez al líder máximo de los Guerreros Unidos, Mario Casarrubias, pero finalmente lo dejaron en libertad y metieron a la cárcel, en su lugar, a un criminal de menor rango: El Huaraches.

Este testigo relató a la fiscalía que Guerreros Unidos operaba bajo el cobijo total del matrimonio Abarca. Ella, María de los Ángeles Pineda, recibía maletas llenas de billetes y “lavaba el dinero del grupo”. A cambio, permitía que la droga entrara en Iguala en camiones del DIF cargados con mariguana, cocaína y “cristal”.

El 26 de septiembre de 2014, de acuerdo con el testimonio de “Carla”, policías con el rostro cubierto les entregaron a Pérez, la Minsa y el Gallo a siete u ocho personas con cinchos en las manos. Las subieron a la batea de su patrulla y se dirigieron al Rancho del Cura. Este es el testimonio, un tanto enrevesado, que rindió “Carla”:

“Doblamos a Huitzuco, antes de llegar a Tepecoacuilco está el basurero y ahí se metió la patrulla. Condujeron como por dos o tres minutos… (luego) empezaron a jalar a los muchachos para bajarlos… Yo me subí a la carretera, al portón del basurero, y como a unos cien metros vi que jalaban a los muchachos, pues iluminaba la luz de los faros de la patrulla. Les disparaban, eran dos disparos por persona y los aventaban a la barranca, así mataron a todos. Quien los mató fue Pérez, con el Gallo… Las pertenencias de los muchachos, lo que servía, como celulares, se vendió en Iguala…”.

Otro de los testigos, Neto, declaró ante la fiscalía (marzo de 2021) que el 27 de septiembre recibió instrucciones de llevar unas bolsas, así como elementos de limpieza, a una bodega en la que un sujeto apodado el Negro solía almacenar la droga.

Según su versión, en dicha bodega el Negro le entregó a Neto varias bolsas de plástico con cuerpos dentro para que las llevara “al crematorio de Urióstegui y al Horno Verde”. En ninguna de estas versiones figura el relato de la incineración en el basurero de Cocula. De hecho, se trata de versiones radicalmente distintas.

Lo que sí figura, con cierta abundancia, son testimonios que hablan de militares coludidos con el grupo criminal. Uno de los miembros de la organización, Walter Deloya, declaró que había visto varias veces al capitán José Martínez Crespo en casa de otro de los líderes del grupo, Marco Antonio Vega, el Mini Cooper; dijo también que un elemento del Ejército llamado Marín Rojas proveía de armas y cartuchos a la organización: aseguró que este y el capitán Crespo trasladaban armas “de un lugar a otro”.

El testimonio de “Carla” indica que un grupo de entre 18 y 19 muchachos fue llevado a Ceja Blanca, y otro, formado por entre cinco o seis, a Tepecoacuilco. Supo también que el grupo “tenía gente” secuestrada en una cueva de Pueblo Viejo.

Solo queda preguntar: ¿En dónde están entonces esos restos? ¿Cuántos ha localizado la nueva fiscalía?

 

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