fbpx
Alberto Tristany ZarauzaColumnasFin de Semana

Inteligencia Emocional, ¿cómo utilizarla?


Querido lector, esta semana escribo acerca de qué es la Inteligencia Emocional, de forma breve, y cómo utilizarla.

El término Inteligencia Emocional (IE) es la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar los estados emocionales de uno mismo y de los demás. No significa ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas; es un tipo de actitud psicológica que gobierna y dirige nuestras emociones en todos los aspectos. Es la actitud para disfrutar los acontecimientos de la vida a partir de un estado de tranquilidad y autoaceptación que le permite a la persona actuar sobre sus carencias y expandir sus fortalezas con sentido crítico y constructivo.

Las personas que poseen alto nivel de IE suelen ser extrovertidas, alegres y socialmente equilibradas; también, son poco predispuestas a la timidez y a darle vueltas a sus preocupaciones, demuestran estar dotadas de una notable capacidad para comprometerse con las causas y las personas, y suelen adoptar responsabilidades. Mantienen una visión ética de la vida, son afables y cariñosas en sus relaciones, su vida emocional es rica y apropiada, se sienten a gusto consigo

mismas, con sus semejantes y con el universo social en el que viven; tienen una visión positiva de sí mismos y la vida siempre tiene sentido. Diferencian entre inteligencia cognitiva e inteligencia emocional.

Se puede decir, por norma general, que la inteligencia es la capacidad de asimilar, guardar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas; la inteligencia de una persona está formada por un conjunto de variables como la capacidad de observación, la atención, la memoria, el aprendizaje, las habilidades sociales que le permiten enfrentarse al mundo diariamente.

El rendimiento que obtenemos de nuestras actividades diarias depende en gran medida de la atención que le prestemos, así como la capacidad de concentración que manifestemos en cada momento.

Durante mucho tiempo se ha hecho la interpretación errónea de que la inteligencia solo servía para resolver problemas matemáticos, lingüísticos, físicos, y había dejado de lado las capacidades personales, de resolver problemas que afectan a la felicidad en las personas o a la buena convivencia social.

Desde pequeños hemos escuchado que el coeficiente intelectual era determinante para saber si una persona tendría éxito en la vida, sin embargo, hace ya varios años que desde el ámbito empresarial se dieron cuenta que son otras capacidades las necesarias para el éxito en la vida, de hecho, se ha podido comprobar que un coeficiente intelectual puede predecir quién tendrá éxito a nivel académico, pero no dice nada del camino que tomará la persona cuando termine su educación.

La IE es la principal responsable del éxito o fracaso de las personas en todos sus

ámbitos, profesional, personal y social, además, se ha visto que el “éxito” profesional, independientemente de que se trate de un ingeniero, un profesor, un abogado o un vendedor, está definido en el 80 por ciento por la IE y en el 20 por ciento por su coeficiente intelectual.

Como dice Daniel Goleman: “Resulta paradójico que el coeficiente intelectual sea tan mal predictor del éxito, entre el colectivo de personas, lo bastante inteligentes como para desenvolverse bien en los campos cognitivamente más exigentes”.

Aprende a usar la IE

Existen seis categorías básicas de emociones:

– Miedo: anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad e incertidumbre. Tendemos hacia la protección.

– Sorpresa: es el sobresalto, el asombro, el desconcierto, es una emoción muy transitoria, ayuda a orientarnos frente a la nueva situación.

– Aversión: es el disgusto o el asco. Solemos alejarnos del objeto que nos produce esto, nos produce rechazo hacia aquello que tenemos delante.

– Ira: es la rabia, el enfado, el resentimiento, la furia, la irritabilidad, y todo aquello que nos hace sentir enojo, que nos induce hacia la destrucción.

– Alegría: es la diversión, la euforia, la que nos da una sensación de bienestar y de seguridad; nos induce hacia la reproducción. Deseamos reproducir aquel suceso que nos hace sentir bien.

– Tristeza: es sinónimo de pena, sentimiento de soledad y pesimismo; nos motiva hacia una reintegración personal.

Las emociones son un mecanismo de supervivencia relacionado con la inteligencia y aprovechado en la evolución de las especies; no podemos, por tanto, calificar a las emociones como positivas o negativas, prescindiendo de todo contexto en el que ellas se producen; quizás podríamos definir que la ira es una emoción negativa y que lo mejor para nosotros sería no experimentarla, pero si careciéramos completamente de ira habría situaciones que no podríamos resolver adecuadamente porque requieren la activación de cierto impulso agresivo de nuestra parte.

Lo mismo ocurre con el miedo, que es una señal de que algo, o alguien, representa un peligro potencial para nosotros, sin esta advertencia; no podríamos adaptarnos a los constantes cambios en nuestro medio ambiente y nuestra supervivencia, que estaría en peligro. También es falso que haya emociones siempre positivas. Esto podría ocurrir, por ejemplo, con la alegría. En un principio podríamos pensar que es algo bueno estar siempre alegres, pero este sentimiento, en ocasiones, se encontrará fuera de lugar. Imagina que en la empresa donde trabajas se ha decidido hacer recorte de personal y pasas días ansioso o preocupado por quedarte sin trabajo; finalmente, un compañero te da la noticia de que tú continúas, pero a él lo van a despedir, ¿estaría bien sentir alegría en ese momento porque tú permaneces en la empresa, o sería más sensato atender a la preocupación de tu compañero? Como te has dado cuenta, no existen emociones positivas ni negativas en su totalidad, ya que todas ellas dependen del contexto y las circunstancias en el que se manifiestan.

¿Qué emociones son correctas mostrar en público y cuáles no? Todo dependerá de los modelos sociales conque nos hayamos criado y de dónde nos encontremos; culturalmente, las normas válidas para los hombres suelen ser diferentes que, para las mujeres, por ejemplo, un mismo comportamiento se considerará la muestra de sensibilidad en una mujer y de poco masculino en un hombre. Una determinada actitud en él se puede considerar de espíritu emprendedor y dinámico y en ella de agresividad; el pragmatismo de ellos puede parecer frialdad y dureza en ellas.

La muestra de nuestras emociones es aprendida desde la infancia pues de niños nos enseñan que, al recibir un regalo, aunque no nos guste, hay que demostrar respeto dando las gracias o que no hay que “hacer un drama” cuando perdemos en un juego. Cuanto mayor es nuestra competencia social, mejor se adaptan nuestras emociones a las reglas de expresión que son aceptables en un contexto social: estas reglas determinan quién, cuándo y qué emociones pueden manifestarse hacia afuera y de qué forma.

En nuestro próximo artículo explicaré este punto. Esta semana te recomiendo que observes tus emociones y las anotes para que te vayas familiarizando con ellas y veas qué es lo que las detona.

Si tienes alguna duda, escríbeme, y con gusto te responderé.

Como siempre, te deseo larga vida, salud y prosperidad.

Hasta la próxima.

Noticias relacionadas

Back to top button