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ColumnasRicardo Rocha

En defensa del INE


En ningún país democrático de este planeta se vive lo que aquí estamos padeciendo: el ataque sistemático, implacable, tozudo, rudo, grosero, injusto y mentiroso de un mandatario hacia el Instituto Nacional Electoral, su presidente y los consejeros que cuestionan los designios provenientes del Palacio Nacional.

Y no es un glosario de anécdotas sobre exabruptos verbales. Si consideramos la inminente cercanía del proceso electoral más complejo de la historia, deberíamos reconocer —entonces sí— una grave amenaza a nuestra democracia.

A ver, el propio presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho entre otras cosas: que el INE es antidemocrático; que hay que garantizar la democracia y evitar su simulación y la injerencia de grupos de “intereses creados, tanto políticos como económicos”; “No le tengo confianza al INE… le tengo confianza al pueblo”, puntualizó de plano.

Y a propósito del “pueblo”, el presidente no levantó ni un dedo para contener las hordas morenistas cuando —luego del freno a Salgado Macedonio— amenazaron con atacar la casa de Lorenzo Córdova e incluso linchar al “cabroncito”. Mientras la dirigencia nacional de su partido amenazaba con “exterminar” al INE.

Solo que López Obrador tiene otros datos, aunque con la misma intención: anunció que, pasadas las elecciones del 6 de junio, presentará al Congreso de la Unión un paquete de iniciativas de reformas de ley “encaminadas a establecer una auténtica democracia en México”. Desde luego, en los únicos términos que él la concibe y la acepta. Que son sus propios términos. Para lo cual no descarta “una renovación total de los consejeros electorales. En palabras de su partido y sus candidatos: el extermino del INE y los cabroncitos que lo integran. Todavía más, en una ocurrencia atentatoria a la cordura ha sugerido que el INE o el órgano que él invente, sea absorbido por el Poder Judicial —ya bajo su control— para desde ahí organizar las elecciones: entre otras —si la hay— la presidencial de 2024. Tal despropósito solo se explica como un insensato “ajuste de cuentas” a decir del presidente del INE.

A propósito, Lorenzo Córdova en coautoría con el prestigiado colega Ernesto Núñez, están publicando La democracia no se construyó en un día. No sé si el título alude al dicho de AMLO de que el único día que existió la democracia en este país es cuando él ganó la elección en 2018; “aunque eso no se debió al INE, sino al pueblo”. De lo que estoy cierto es que es un libro fundamental para entender nuestro tiempo. Es además, contra lo que pudiera pensarse de un texto analítico, un relato entretenido y hasta emocionante de una historia que los autores inician el icónico primero de julio, cuando López Obrador y su familia están a punto de emitir su voto y termina el mismísimo primero de julio en un cierre inesperado. Pero en el periplo, ambos se pasan la estafeta como si se tratase de una carrera de relevos en donde se van alternando las vivencias estupendamente captadas por el periodista Núñez, con la magistratura que hay que reconocerle a Lorenzo Córdova Vianello, no solo como presidente del Instituto Nacional Electoral sino como el formidable luchador que ha sido por las mejores causas de este país.

Por ello y más, que nos quede claro. Defender al INE es hoy defender la democracia, nuestras posibilidades de futuro y al México que todos llevamos dentro.

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