El caos de la normalidad

Este gobierno reinventa la realidad. El coronavirus no existió hasta que el presidente quiso. Ahora desaparecerá porque el presidente quiere.

Cuando se escriba lo que ya nos pasó, nos pasa y nos seguirá pasando, será la crónica del pensamiento mágico religioso aliado con la soberbia: la estampita protectora que aleja al demonio, la sonrisa bonachona del exhorto a salir a los restaurantes, a las fondas, a abrazarse; y al cabo la descalificación de la ciencia necia y jodona: “pues si no es la peste”.

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Estábamos listos desde enero y en febrero ya dábamos lecciones al mundo. Pero todavía antier seguían llegando aviones de China repletos de equipos y máscaras para proteger a los médicos que enfrentan cada día al Covid-19. En tres largos meses el celebérrimo vocero no ha podido afirmar que vale la pena que andemos con cubrebocas, pero los seguimos importando por cientos de miles. Aunque eso sí, jamás lo veremos ni a él ni al presidente en alguna de sus catorce conferencias diarias usándolos. El mensaje es claro: es que nosotros somos muy chingones y los que se las ponen muy pendejos.

Con la misma arrogancia, el presidente y su escudero están aplanando la curva y domando la pandemia. Sí, como no. La nota de Teresa Moreno en El Universal de ayer martes 19 es contundente: en apenas tres semanas, del 26 de abril al 18 de mayo el número de muertes por Covid-19 ha crecido 294 por ciento, y los casos confirmados aumentaron 251 por ciento , según las propias cifras oficiales. El mismo día 26 en su mañanera, el presidente López Obrador aseguró que “vamos bien, porque se ha podido domar la epidemia”. Solo que la realidad tenía otros datos: por la noche, la Secretaría de Salud reportó que llevábamos mil 351 muertos y 14 mil 677 contagiados. Al corte del lunes son cinco mil 332 los muertos y 51 mil 633 enfermos. En la numeralia de El Universal hay un elemento clave: el 5% de crecimiento diario, que prácticamente no se ha movido.

Por eso extrañan los anuncios del “Regreso a la nueva normalidad” con apertura de actividades industriales en áreas estratégicas como la automotriz,y un semáforo que nadie entiende: “Ahora no seguimos en rojo; ya pasamos a una fase intermedia, ya estamos en amarillo, a punto de pasar a verde. Debemos mantenernos en casa, con la sana distancia, ya falta muy poco”, ha dicho el presidente.

Pero como no hay normas nacionales y cada gobernador o presidente municipal puede hacer lo que se le dé la gana, hay capitales como Aguascalientes donde la gente ya anda en calles y restaurantes, mientras que en Ciudad de México la jefa Sheinbaum nos exige apretar la disciplina y quedarnos en casa; igual de confusos andan los “municipios de la esperanza” como “Morena, la esperanza de México”. Pero no haga caso, es pura casualidad y de ninguna manera un uso político de la epidemia.

A lo que sí hay que estar muy atento, es a las advertencias de los expertos internacionales sobre una amenaza real de un rebrote, una nueva ola de la pandemia que calculan tendrá su pico hasta el 21 de junio. Por lo que los relajamientos anticipados debidos a consideraciones políticas o económicas traerán necesariamente miles de muertos más. Aunque algunos piensen que podemos seguir reinventando el día y la noche.

Ricardo Rocha

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