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ColumnasEduardo Ruiz-Healy

¿Cuántos miles enfermarán y morirán por creerle a AMLO?

A mí, tanto el doctor Alcocer como el doctor Hugo López-Gatell me han dicho que no necesito el cubrebocas si mantengo la sana distancia y en los lugares donde sí es necesario o es una norma, por no decir obligatoria, pues ahí me lo pongo (…) en la oficina recibo constantemente a ciudadanos, a dirigentes de todas las organizaciones sociales, ciudadanas, políticas, religiosas, económicas y lo que hacemos es también mantener la sana distancia (…) Si se considerara que con esto se ayuda, entonces lo haría, desde luego, pero no es un asunto que esté ahora sí que científicamente demostrado”.

Así justificó el no usar cubrebocas el presidente Andrés Manuel López Obrador al responder una pregunta que sobre el asunto le hizo un reportero durante la conferencia de prensa del viernes pasado.

Si de por sí es terrible que AMLO le haga caso a los dos charlatanes que nombró, que ya demostraron su ineptitud al no saber enfrentar a la pandemia de Covid-19, que hasta ayer había matado a 43 mil 680 personas (cifra que pudiera ser tres veces mayor debido al deficiente registro de las defunciones ocurridas desde que se dio la primera), peor es que asegure que científicamente no se ha demostrado que el uso de un cubrebocas evita los contagios del coronavirus SARS-CoV-2.

El hecho es que, a diferencia de los charlatanes que lo asesoran, la mayoría de los científicos alrededor del mundo afirman que un cubrebocas impide que alguien que esté infectado disperse el coronavirus en el aire y por ello reduce la posibilidad de que alguien lo aspire y se contagie.

Entre estos científicos están los que trabajan en la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de Salud (OPS), el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EEUU (CDC), el Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades, la Agencia de Salud Pública de Canadá (PHAC), el Instituto Nacional para Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos (NIH), el Instituto Louis Pasteur Internacional basado en Francia, la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins (el mismo en donde el charlatán menor supuestamente estudió un posdoctorado en Epidemiología) y en muchas instituciones más.

Se han publicado innumerables estudios que demuestran, científicamente, que el uso del cubrebocas en público “es el medio más efectivo para prevenir la transmisión interhumana”, como se anota en el que se publicó el 11 de junio en la revista científica semanal Actas de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América (PNAS por sus siglas en inglés), obra de cuatro científicos de las universidades de Texas Austin, CalTecH, Texas A&M y California San Diego, entre ellos, el Premio Nobel de Química 1995, Mario Molina.

Qué lástima que por hacerle caso a dos charlatanes, Andrés Manuel no se ponga un cubrebocas en los eventos que preside y que la sana distancia que presume guardar sea mucho menor que la que los científicos serios recomiendan (entre dos y tres metros).

Se le olvida que su negativa de hacerle caso a los que sí saben le ha costado y seguirá costando la vida a miles de sus seguidores que creen todo lo que dice e imitan lo que hace.

Eduardo Ruiz-Healy

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