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“Caminando” con un pollero, la otra cara de la migración…


Desde los 4 años, “Diablo” se crío en Texas en un ambiente en donde el levantamiento y cruce ilegal de personas en la frontera México-Estados Unidos era parte de su realidad diaria. Su padrastro se dedicaba al negocio y desde que iba a la escuela, a los 14 años comenzó a levantar gente porque así se lo ordenaban, durante el día iba al colegio y en la madrugada se iba a levantar personas. Ganaba alrededor de 16 mil, 17 mil dólares por semana.

A los 16 años, por una operación mal ejecutada, la policía lo ubica y lo detienen en su casa donde tenía a 73 migrantes indocumentados, 273 mil dólares, 2 kilos de coca, 3 libras de mota. La prisión se volvió su vida de los 16 a los 30 años. Al salir, decidió cortarse el sensor de prisión domiciliaria y huir a México en búsqueda de nuevas oportunidades, y al seguir en la vida de lo conocido, terminó preso en este país.

Al “Diablo” lo conocí al siguiente día de la terrible tragedia que aconteció, en donde 53 migrantes murieron asfixiados en un tráiler. La pregunta obvia que le hice fue que me ayudara a entender qué pasó con esos migrantes, donde me explicó: “que lejos de ser culpa del chofer, la migración, al igual que el narcotráfico, se ha dividido en zonas donde quienes migran pagan uso de suelo”. Me explicó también que había personas cuya única chamba era abrir las puertas de ese tráiler, el chofer quizá ni llaves tenía. “Se me hace que la plaza se calentó y el chofer huyó y quienes debieron de abrir las puertas para que salieran esos migrantes, nunca lo hicieron”.

Los tráilers surgieron como un método de contrabando ante el aumento en la vigilancia en las fronteras de Estados Unidos. Camiones llenos de hombres, mujeres y niños son los vehículos recurrentes de los traficantes, llamados “polleros”, debido a la probabilidad de no ser detectados.

“Diablo” comparte que durante el proceso de levantamiento se tiene que pagar al “pollero”, quien se encarga de arreglar y pagar todas las “bajadas”. Éstas se refieren a los diferentes trayectos, el acompañamiento caminando, los traslados en camionetas u otros medios de transporte, el teléfono que se les da para irlos ubicando vía GPS, el pago de “cobro de piso” por transportarse dentro de la zona.

El sistema de cruce de “Diablo” era principalmente por caminatas: acompañaba a los migrantes en ruta en todo el proceso hasta llevarlos a Estados Unidos. Para él hay mucha satisfacción en ayudar a cruzar a las personas para que lleguen con sus familias. Cuando salga de prisión, entre sus planes está regresar a Estados Unidos a trabajar como antes, cruzaba 2 a 3 veces por semana el río y regresaba por el puente caminando.

La migración hoy en día, equivale a uno de los negocios más rentables y lucrativos y que involucra a toda una red de personas que participan en el proceso, desde las autoridades locales, hasta la delincuencia organizada. Los migrantes son personas que no pertenecen a ningún grupo. Son personas que buscan desde el lugar más humano, una vida digna. México y el mundo tienen una deuda pendiente para legislar y proteger los derechos humanos de ellos y de ellas ante cualquier situación.

Lo que pasó en ese tráiler es una tragedia que nos debe movilizar a todos a entender que no hay nada más importante que la dignidad humana.

 

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