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ColumnasMario Maldonado

AMLO se sinceró en la cuarentena


Andrés Manuel López Obrador se tomó unos días de su cuarentena para reflexionar sobre su proyecto de gobierno y se sinceró con algunas personas de su gabinete, a quienes invitó a Palacio Nacional para platicar sobre lo que han sido los dos primeros años de su administración y los retos que tiene de frente. El presidente reconoció que las circunstancias no le han favorecido, aunque considera que ha logrado sentar las bases de lo que considera su proyecto político de transformación de la vida pública del país.

No obstante, también admitió que hay un tema que le quita el sueño y está en la primera línea de sus preocupaciones: la elección del próximo 6 de junio, en la que se renovará la Cámara de Diputados y se votarán 15 gubernaturas. Según fuentes de alto nivel, al presidente le preocupa que su equipo de trabajo no esté preparado para alcanzar los objetivos prioritarios de su administración, ni políticos ni sociales ni económicos.

Las gubernaturas “le valen madre”, aseguran quienes participaron en esas conversaciones, pero está consciente de que perder la mayoría en la Cámara de Diputados representaría prácticamente despedirse de su proyecto de nación. Para López Obrador, el principal villano de la historia tiene nombre y apellido: se llama Mario Delgado, cuya operación al frente de Morena no ha sido efectiva para construir candidaturas sólidas, como tampoco lo fue su trabajo para coordinar la bancada del partido y sus aliados en San Lázaro.

“Está operando mejor Citlalli, y eso es decir mucho”, le dicen al mandatario en referencia al trabajo de la secretaria general morenista, Citlalli Hernández. Se trata de un mensaje que deja claras las expectativas que se tienen de la operación electoral, en especial si se toma en cuenta que la operadora elogiada forma parte de las corrientes más radicales del partido.

En el tintero de la 4T aún esperan reformas de gran calado que requieren de una sólida mayoría en la Cámara Baja. Al ser una buena parte de ellas modificaciones constitucionales, requieren también del control de la mayoría de los congresos locales en el país. Entre estos cambios prioritarios se encuentran polémicas iniciativas como la desaparición del outsourcing, la Ley del Banxico y las reformas a la Ley Orgánica de la Fiscalía General de la República.

La reforma eléctrica, por ejemplo, se encuentra entre las prioridades de López Obrador. Sin embargo, no son pocos los que le han explicado que los cambios propuestos son inconstitucionales y afectarán seriamente la relación del país con los principales socios comerciales y generadores de inversión extranjera. Pese a ello, el titular del Poder Ejecutivo está aferrado a acabar con lo que considera “privilegios” de los empresarios del sector energético. El plan es sentarlos a negociar, como en el caso de los gasoductos, y que el gobierno de la 4T pueda anotarse un nuevo triunfo contra los neoliberales.

Por todas estas situaciones, la convalecencia en Palacio Nacional terminó en escenas de gran desesperación, con un presidente a quien le urgía salir a recorrer el país para tomar directamente en sus manos la operación electoral, y para terminar con un letargo gubernamental de dos semanas que evidenció la debilidad de la estructura de gobierno.

La angustia retrata también a un mandatario que ve desmoronarse a su partido y que, aun sin una oposición sólida, reconoce grandes posibilidades de perder el Poder Legislativo. Y no porque algún contrincante o corriente política llegue a desplazar a Morena, sino porque su militancia nunca supo administrar la aplanadora con la que llegó en 2018.

Mario Maldonado

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