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ColumnasMario Maldonado

Álvarez Puga: relaciones, política y dinero


Víctor Manuel Álvarez Puga podría convertirse en el nuevo Emilio Lozoya. El caso del empresario, amigo y cómplice de funcionarios, podría desatar una serie de implicaciones políticas y económicas de personas de alto nivel en las últimas dos administraciones federales, y que perduró hasta la actual, siempre al amparo del poder.

Las órdenes de aprehensión sobre él y su esposa, Inés Gómez Mont, apuntan a desenmarañar una historia negra de complicidades, dinero y excesos.

Álvarez Puga & Asociados incluyó en su fuerza de ventas a jóvenes políticos o herederos de grandes fortunas, que en los campos de golf y entre las pausas del juego podían hacerse de esos contratos millonarios.

Para convencer a empresarios y a funcionarios, la compañía encabezada por el conocido Mai prometía reducir hasta en 40% los impuestos que pagaban por nómina, ofreciendo beneficios que los patrones podían transferir a los empleados, o bien mantenerse dentro de su propia contabilidad.

En la lista de amigos cercanos, promotores y socios de negocio de Mai se enlistan hijos de los expresidentes Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, gobernadores y legisladores, e industriales bajo la mira de autoridades mexicanas.

Como miembro del club está Sergio Castro López, dueño de Business Art Group, considerado el “padre del outsourcing”, con quien Álvarez Puga inició en este negocio.

Castro y Álvarez Puga se conocieron y aprendieron sus estrategias fiscales cuando el primero fue secretario particular de Eligio Hernández, un abogado oaxaqueño que, tras conseguir una gran cantidad de clientes por defender el anatocismo, emprendió el negocio de la subcontratación en Quintana Roo.

Una vez dominado el know how, la pareja decidió seguir por su cuenta, apoyados por el entonces gobernador de Oaxaca, José Murat, quien desde esa posición los encumbró para relacionarse con empresarios y políticos.
Entre algunas de las excentricidades del hoy prófugo de la justicia están las de cerrar agencias de autos de lujo para adquirir, en un solo momento, siete o 10 camionetas Audi Q7”. Un día hizo que le abrieran la agencia a las 3 de la mañana para sacar un auto nuevo. También compraba hasta seis relojes de ultra lujo en una sola visita a las joyerías Berger.

Mai era conocido entre sus amigos por vestir y ser dueño de boutiques de marcas exclusivas, como los trajes Brioni, y en especial por acompañarse de ejecutivas que participaron en Nuestra Belleza México.
Cada año Mai patrocinaba tres torneos de golf a los que se daban cita por igual miembros de la iniciativa privada y la política. Las sedes de los eventos eran Cancún, Ciudad de México o Los Cabos. En las reuniones de fin de año, el despacho rifaba onerosos premios en efectivo, departamentos y autos BMW.

Mai operó entre la legalidad y la ilegalidad más de 12 años diversos contratos de outsourcing con empresas y gobiernos estatales y municipales. Sus allegados saben que daba fortunas a funcionarios del SAT, como Jesús Quicho Díaz, quien también tiene vigente una orden de aprehensión.

José Antonio Aguilar Bodegas es otro político cercano a Mai. El exsecretario del gobierno de Chiapas fue director de Álvarez Puga por años, hasta que el exgobernador Pablo Salazar Mediguchia lo persiguió políticamente.

Álvarez Puga logró sortear las acusaciones dos sexenios y medio impune, hasta que el cerco de protección se venció. Algunos hablan de la cercanía de Javier Díaz, expareja de Inés Gómez Mont, con Andrés Manuel López Beltrán.

Mario Maldonado

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