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ColumnasMario Maldonado

Al Diablo los empresarios y los trabajadores


Andrés Manuel López Obrador tiene dos concepciones sobre el empresariado mexicano: los traficantes de influencias y los que se hicieron a base de trabajo y esfuerzo. “No todo el que tiene (dinero) es malvado”, suele decir. A los primeros los ubica como los corruptos que han ‘secuestrado’ las instituciones y se sienten dueños de México; los ha tachado de ser una minoría rapaz. A los segundos, asegura, los respeta.

Sin embargo, en los hechos el presidente ha tratado de la misma forma a todos los empresarios sin importar su tamaño, poder o capacidad económica. A los de 1 por ciento, incluidos en el Consejo Mexicano de Negocios, el Grupo Monterrey, su Consejo Asesor Empresarial y otros clubes de multimillonarios los ha dejado quebrar o por lo menos estar al borde de hacerlo (Interjet, AHMSA, Cinemex, Cinépolis), y a los segundos, 99 por ciento que forman parte de las micro, pequeñas y medianas empresas también. Para ninguno ha habido apoyos, con la excepción de créditos de 25 mil pesos que no fueron demandados porque resultaban inservibles.

La consecuencia de esa antipatía hacia la iniciativa privada fue una caída de 8.5 por ciento de la economía mexicana en 2020, la pérdida de casi 3 millones de empleos y la creación de por lo menos 10 millones de nuevos pobres en el país. Los costos de esa decisión aún no se reflejan en el ánimo social, pero inevitablemente sucederá y quizá se vea algo de ello en las elecciones intermedias del próximo
6 de junio.

Haber mandado al Diablo a los empresarios (frase que recuerda cuando AMLO mandó al Diablo a las instituciones) tendrá como resultado una descomposición del mercado laboral y habrá dado al traste con 10 años de avances en cuanto a movilidad social, como lo expuso el Coneval la semana pasada.

La crisis social y laboral van de la mano, porque los nuevos pobres del país son los desempleados que no pueden pagar una canasta básica. La decisión presidencial de no apoyar a los empresarios, principalmente a los más pequeños y por lo tanto más vulnerables, ocasionará que el sexenio de López Obrador pase a la historia como uno perdido en términos de crecimiento económico, empleo y combate a la pobreza.

En diciembre, el Inegi presentó los resultados de su estudio sobre la demografía de los negocios y el impacto del Covid-19. Nueve de cada 10 empresas tuvieron alguna afectación a causa de la pandemia, de las cuales ocho reportaron caídas en sus ingresos.

De los 4.9 millones de establecimientos del sector privado y paraestatal registrados en los Censos Económicos 2019, 99.8 por ciento pertenecen al conjunto de establecimientos micro, pequeños y medianos. El presidente cree que los empresarios de México son Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego, Alberto Baillères, Germán Larrea y los del linaje Garza, de Nuevo León, por eso no los apoyó, pensando que hacerlo sería comparable al Fobaproa y el rescate bancario. Pero la realidad es que esos solo representan a 0.2 por ciento de los hombres y mujeres de negocios; el resto son micro, pequeños y medianos negocios, de los cuales muchos ya quebraron.

El estudio del Inegi reveló que de los 4.9 millones de establecimientos micro, pequeños y medianos del país quebraron por lo menos un millón y solo sobrevivieron 3.9 millones.

La proporción de empresas que recibieron apoyos fue de 5.9 por ciento, mientras que 94.1 por ciento restante no recibió ningún tipo de ayuda. Los empresarios de México, más que transferencias directas de dinero, pedían apoyos fiscales, los cuales bien podría haber dado el gobierno.

Mandar el Diablo a los empresarios costará caro a un gobierno que se siente indolente frente a la crisis económica y sanitaria.

Mario Maldonado

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