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A criterio deBertha AlfaroColumnas

53 Contando – Columna de Bertha Alfaro


Conforme avanzan los días después de aquella madrugada del 6 de septiembre, cuando una creciente en los ríos que confluyen en la ciudad de los Atlantes arrasó con todo lo que encontró a su paso, se descubren nuevas tragedias de las familias afectadas.

Josefina una joven madre de dos pequeños es una de las damnificadas y que enfrenta una situación muy dolorosa, además de haber perdido su patrimonio.

Viuda desde hace dos años, esta madre vivía en una pequeña casa que le había construido su esposo en el terreno de los padres de él.

Como ocurre en muchos casos, Josefina ya no era bien vista por su familia política, sin embargo, ella soportaba todo por sus dos pequeños y para no perder el patrimonio.

Apenas se reponía de la muerte de su compañero cuando sobrevino la pandemía lo que agravó su situación porque los trabajos escaseaban y tenía que mantener a sus hijos.

Aunque en Tula algunos empresarios honestos y preocupados trataban de sobrevivir a la pandemia manteniendo los empleos, muchos otros de plano aprovecharon las condiciones de emergencia para ofertar trabajos esclavizantes y mal pagados.

Así que Josefina no le quedó más remedio que aceptar uno de esos empleos jodidos con un horario bien cabrón y con un sueldo bajísimo, 800 pesos semanales y sin prestaciones.

Ahí la llevaba esta joven madre cuando la noche del 6 de septiembre la inundación la tomó por sorpresa, sola y con dos niños Josefina agarró fuerza y sacó a sus hijos de la vivienda que en minutos se llenó de agua sucia.

Cuando el agua bajó Josefina pudo ver el tamaño de su tragedia.

Los pocos muebles de su casa estaban inservibles, las bardas perimetrales del patio fueron destruidas por el torrente que literalmente cubrió su casa y absolutamente nada pudo rescatar.

Al igual que cientos de familias en Tula, Josefina y sus hijos se quedaron con lo que tenían puesto.

Lo grave es que cuando llegaron los primeros apoyos Josefina estaba trabajando y la familia de su esposo se quedaba con todo lo que les entregaban tanto el gobierno municipal como el estatal y el federal.

Pero la gota que derramó el vaso fue el hecho que los padres de su difunto marido de manera insensible le dijeron que como la casa de su hijo había sido dictaminada como perdida total, ellos recibirían la indemnización.

Desesperada Josefina salió del lugar con sus hijos y se fue a refugiar a la casa que rentaron sus padres que también resultaron damnificados.

Con lagrimas en los ojos Josefina comentaba su desesperación y la imposibilidad de salir adelante después de la muerte de su esposo, de la pandemia y de la inundación que terminó de quitarle todo.

Casos como el de Josefina son difíciles de resolver, al no tener un documento que la acredite como propietaria de su casa y si a eso le agrega suegros ojetes y cueros a quienes no les importa dejar en el desamparo a sus nietos, la situación si que está de la chingada.

Además de muerte y destrucción que dejó la gran inundación, en algunos casos dejó al descubierto el lado mas gandalla de los seres humanos, que aprovechándose de la tragedia aún siguen recibiendo un apoyo que no se merecen.

 

Palabras más, palabras menos.

Ahora si se les apareció Juan Diego a los morenos. Arturo Herrera ya está en condiciones de sumarse al grupo de los 52 y eso al parecer puso a temblar a muchos. Otros de plano ni se inmutan y continúan con sus giras ofreciendo apoyos que no están seguros de cumplir y otros hasta organizan conciertos.

 

Espero sus comentarios Fb: bertha alfaro

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