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El clan de la corrupción policial – Columna de Héctor de Mauleón


Hace cuatro años, el policía de investigación Miguel Ángel Carmona Dávila fue detenido, luego de que un reporte de inteligencia lo ubicara como miembro de una red de expolicías que brindaban protección a 500 “goteros”, en su mayor parte de origen colombiano.

En las líneas de aquel reporte se leía que Carmona Dávila y su hermano Gabriel, quien se hacía pasar por policía, se hallaban a la cabeza de la red de protección.

Un año antes, un hermano de estos, Felipe Carmona Dávila, excomandante ministerial en Coacalco, Estado de México, había sido asesinado a bordo de una Hummer.

Una investigación mostró que el difunto Carmona, haciéndose pasar por comandante aún activo, extorsionaba a la gente de Felipe de Jesús Pérez Luna, conocido como “El Ojos”, líder del Cártel de Tláhuac.

En aquellos días, su hermano Miguel Ángel –policía de investigación capitalino desde 2000– investigó por su cuenta el homicidio.

La investigación culminó con la detención de uno de los hijos de “El Ojos”, Miguel Ángel Pérez, a quien se acusó de formar parte del comando que acribilló a Felipe Carmona.

Hubo quien vio a Miguel Ángel como héroe. Pero solo por unos días. Porque al poco tiempo se vio involucrado en la red de protección a “goteros” que exprimían mediante préstamos e intereses impagables a comerciantes de la CDMX y el Estado de México.

Miguel Ángel Carmona quedó en libertad poco después, por deficiencias en la carpeta de investigación, e incluso logró ser reinstalado como policía de investigación. Como en la PDI le habían perdido la confianza, lo adscribieron, sin embargo, al servicio de seguridad y escoltas.

En el trasfondo había algo muy oscuro que nunca quedó claro. La relación de los hermanos con el Cártel de Tláhuac, desde luego. Pero también la protección que elementos de la entonces procuraduría de justicia de la ciudad brindaban a Felipe de Jesús Pérez Luna, “El Ojos” –abatido por la Marina en 2017 en un operativo en el que, por cierto, se excluyó por completo a las corporaciones de la capital.

La muerte del líder del Cártel de Tláhuac abrió de par en par las puertas de la expansión brutal para la Unión Tepito.

Entre los negocios que la gente de la Unión trajo consigo fue el de la venta de protección a los “goteros” colombianos que desde 2014 tejían sus redes de incautos.

La Unión Tepito ha funcionado desde entonces como oficina de cobros de los “goteros”. Sus miembros amedrentan, amenazan, secuestran, incluso asesinan a los deudores morosos.

El seguimiento a la red de prestamistas llevó hace unos días a la detención de un abogado, José Alejandro “M”, al que apodan “Tesoro”, y cuya especialidad consiste en brindar asesoría a los “goteros” para que burlen la acción de las autoridades en caso de ser detenidos.

En esa investigación volvió a salir el apellido Carmona como parte de una urdimbre de corrupción integrada por policías, ministerios públicos y personal encargado de las cámaras de vigilancia de la capital y el Edomex.

Según personal de inteligencia de la SSC, esa urdimbre “desarreglaba” carpetas de investigación a fin de que los casos se cayeran; esa red obtenía amparos y entregaba información sobre el curso de las investigaciones y de los procesos de los “goteros” –y de paso, de los miembros de la Unión.

Cuentan que en el cateo en el domicilio de Carmona fueron halladas las carpetas de investigación de los jefes de la Unión Tepito: “El Lunares” y “El Jamón”. Se encontró también una carpeta vinculada con el secuestro de un empresario.

Miguel Ángel volvió a ser detenido. La UIF anunció que había congelado sus cuentas y las de 22 personas más.

Algo muy oscuro está por salir a la luz. Debería salir a la luz.

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