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A criterio deColumnasHéctor de Mauleón

Caro Quintero, como en los viejos tiempos


La noticia había pasado prácticamente inadvertida. Pero desde octubre, al mismo tiempo que el general Salvador Cienfuegos era detenido por la DEA en el aeropuerto de Los Ángeles, dicha agencia antinarcóticos bajó del primer lugar de la lista de los 10 fugitivos más buscados a Nemesio Oseguera, el Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, y colocó en su lugar a Rafael Caro Quintero, uno de los jefes del grupo criminal que lo comenzó todo: el antiguo Cártel de Guadalajara.

Tras ser aprehendido por la tortura y el asesinato del agente de la DEA, Enrique Kikí Camarena, Caro Quintero pasó 28 años en prisión. Cuando nadie pensaba en él, fue liberado la medianoche del 8 de agosto de 2013, gracias a un amparo. Magistrados del Tribunal Colegiado en Materia Penal del Tercer Circuito de Jalisco alegaron que el narcotraficante no debió ser juzgado en un tribunal federal, sino en uno local. Antes de que la PGR tuviera tiempo de reaccionar, Caro abordó una camioneta oscura y desapareció.

Durante las casi tres décadas que pasó en la cárcel, la fortuna de Caro no hizo sino crecer. Sus cómplices siguieron operando las minas, los hoteles, los restaurantes, las tiendas de ropa, las concesionarias de autos, los gimnasios, las inmobiliarias boyantes que conforman su imperio.

Según investigaciones de carácter federal, el célebre propietario del rancho El Búfalo mantuvo vivos sus intereses en Jalisco y Sinaloa, y conservó el control de un territorio que en términos criminales le perteneció desde siempre: el estado de Sonora.

Se detectó que Caro Quintero estaba en acuerdos con los hijos del Chapo Guzmán y con su antiguo socio, Ismael el Mayo Zambada. Caro recibió protección para actuar y moverse en Sinaloa, concretamente en Culiacán. Pero los desacuerdos irrumpieron pronto. Rompió primero con los Chapos y luego observó en silencio el enfrentamiento que sobrevino entre los hijos de Guzmán Loera y el Mayo Zambada.

En marzo de este año, la DEA solicitó a México el congelamiento de mil 939 presuntamente cuentas relacionadas con el Cártel Jalisco Nueva Generación. La acción fue parte del operativo “Agave Azul”. Ese mes, el Departamento de Justicia anunció el arresto a gran escala, en suelo estadounidense, de más de 600 personas ligadas a la organización del Mencho. A lo largo de seis meses, la DEA había operado “importantes incautaciones de dinero y drogas”.

Como parte de la embestida del gobierno de Estados Unidos contra el Mencho se instalaron espectaculares en autopistas de Estados Unidos que ofrecían 10 millones de dólares por informes que llevaran a su captura.

De pronto, EU perdió interés en el Mencho. Su atención se centró sobre todo en la organización de Rafael Caro Quintero.

¿Por qué? La DEA y el gobierno de México detectaron que Caro se había convertido en punta de lanza de la organización del Mencho: a través de alianzas movía piezas en Sonora, donde su presencia es apabullante, así como en Chihuahua y en regiones de Baja California.

La irrupción de Caro Quintero en lo alto de la lista de la DEA revela que su grupo ha sido detectado como una amenaza más importante que la que representa el Mencho.

Hace apenas unos días, la agencia Reuters aseguró que el gobierno mexicano negoció la liberación del general Cienfuegos a cambio de la detención de un importante líder del narcotráfico. Se habló del Mencho, del Mayo.

Fuentes del gobierno mexicano aseguran que esa conversación no existió. Que lo que se puso sobre la mesa fueron las cerca de 20 extradiciones concedidas cada año por el gobierno mexicano, en contra de la detención, “sin agua va”, del exjefe del Ejército nacional.

En medio del oscuro ajedrez, Caro Quintero, como en los viejos tiempos, vuelve a acaparar la atención de la DEA.

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