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A criterio de

Caín es eterno


La noche de bodas se cumplió cumplidamente. A la flamante novia le gustó bastante el himeneo, y le pidió a su maridito que repitiera la sabrosa unión, y luego otra vez, y enseguida otra, y otra más, de modo que el exhausto galán quedó tendido en posición supina -o sea de espaldas- sobre el lecho, desfallecido, laso, consumido, sin fuerzas ni siquiera para pedir confesión. La recién casada tomó el teléfono y llamó a su mamá. Le dijo con orgullo: “¡Mami! ¡Acabo de descubrir que las mujeres no somos el sexo débil!”… La esposa de don Hamponio, el narco de la esquina, le comunicó: “Estoy muy preocupada. Anoche nuestro hijo llegó con copas”. “¿Con copas Hamponito? -se alarmó el genitor-. ¡Pero si tiene apenas 9 años! ¿Quién le dio esas copas?”. “Nadie -respondió la señora-. Se las quitó a los coches de los vecinos”… El gerente del restorán Las gulas del ermitaño se quedó estupefacto al ver que un cliente y su bella acompañante se habían echado al suelo y ahí estaban haciendo el amor en forma desaforada. Acudió presuroso y le dijo al gitano que seguía tocando su violín junto a la mesa: “¡Te he dicho una y mil veces, Zingarino, que no toques tan apasionadamente!”… “¡Los bárbaros, Francia! ¡Los bárbaros, cara Lutecia!”. Así clamó Darío con lamentoso acento cuando París y la nación francesa fueron en otro tiempo amenazados por la irracionalidad. La barbarie es un mal de nuestra época y de todas las épocas. Desde que hay hombres hay bárbaros. Caín es eterno. A la barbarie, sin embargo, no se debe responder con la barbarie. De otro modo la ira toma el lugar de la razón. Los bombardeos indiscriminados pueden hacer sus víctimas entre civiles inocentes. “Estamos en guerra”, proclamó el gobierno francés después de los actos terroristas. Y es cierto. Pero la guerra debe hacerse contra el enemigo que la hace, no contra quienes la padecen. Una retaliación desmesurada, ciega, que no tome en cuenta los principios humanitarios básicos, es otra forma de terrorismo. Francia es demasiado civilizada para incurrir en tal violencia, que le restaría simpatías en el mundo y que daría base a nuevas represalias. En la guerra como en la guerra, sí. Pero incluso la guerra, esa otra forma de barbarie, se sujeta a leyes. Francia tiene la razón. Debe aplicarla en forma racional… Don Algón, maduro hombre de empresa, le dijo a Rosibel, linda muchacha: “Sé que soy viejo, gordo, calvo y arrugado”. Respondió ella: “No diga eso, don Algoncito. Usted me gusta tal como es: multimillonario”… La robusta señora, feliz con su dieta, le anunció a su marido: “En Navidad vas a tener una esposa de 55 kilos”. “¿De veras? -se interesó él-. ¿La de quién?”… El doctor Duerf, célebre psiquiatra, le dijo a su paciente Babalucas: “No llegaremos a ningún lado si cada vez que le hago una pregunta usted me responde que qué chingaos me importa”… Los jeans apretados no le dificultan a una chica la circulación, antes bien se la facilitan… Un feroz león africano entró en un bar y se sentó frente a la barra. El cantinero estaba al mismo tiempo sorprendido y espantado. “No se inquiete -lo tranquilizó el león-. Ya soy mayor de edad”… Doña Macalota llegó a su casa anticipadamente de un viaje que hizo para visitar a su mamá. Al entrar escuchó en la segunda planta ciertos ruidos que le llamaron la atención. Trataré de reproducir en forma gráfica, lo más fielmente posible, esos sonidos onomatopéyicos: “¡Mppf! ¡Ugh! ¡Agh! ¡Ah! ¡Oh! ¡Ay!”. Subió por la escalera, entró en la alcoba, y lo que vio la dejó sin habla: su esposo, don Chinguetas, estaba en el lecho conyugal en compañía de una guapa rubia. “¡Hola, querida! -saludó el señor alegremente a su boquiabierta cónyuge-. Me dijiste que a tu regreso ibas a comprar algunas cosas para embellecer nuestro hogar, y quise aportar mi granito de arena”… La mamá de Pepito dio a luz un bebé. Su hermanito menor le preguntó a Pepito: “¿A dónde se va la cigüeña después de traerle un bebé a mi mami?”. “No lo sé exactamente -respondió el chiquillo-, pero sospecho que se esconde en el pantalón de mi papá”. FIN.

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