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A criterio deColumnasUlises Vidal

Algo sobre el exilio


Para la señorita de los ojos verdes

1: Sucede que no me cansa, pero me duele ser hombre. Sucede que la mayor parte del tiempo me he sentido exiliado; parece que esta palabra la habré de sentir como nadie. Porque existen varios tipos de exilio, uno de ellos es el físico, como le hubo de pasar a mi aburrido Cid; está el exilio literario, cuando la junta de Videla prohibió a Cortázar la publicación de dos de sus libros porque ahí se encontraban dos cuentos de izquierda, que les molestaban; se creó un exilio literario. El intelectual es otro de ellos, cuando el artista es expulsado de su tierra y tiene que crear en otro lugar, es algo que no cualquiera soporta. Los hay familiares, cuando uno se ve forzado a abandonar la zona cómoda para adentrarse de lleno con la responsabilidad de ser libre, de vivir. Existen exilios de clases sociales, racistas, sexuales, económicos, políticos, y de todos ellos me he sentido parte. La conversión a cucaracha es un exilio, de ahí radica el destierro –de la diferencia–, si no aceptas las cosas como te son dadas, entonces no mereces ser parte de ese núcleo, por lógica eres retirado de una manera poco amable, en malos términos, por ello: los locos, los artistas, son exiliados en un sanatorio, al lado de los suyos están tranquilos. El exilio atroz no es más que la insatisfacción de no poder hacer lo que se desea en propia tierra, es no tener raíces, historia, estar lejos de la sangre de tu pueblo; el exilio es ese estado consciente que te hace sentir cucaracha, y por lo regular viaja con la desdicha y la soledad. Pero no todos los exilios son brutales, o tienden a lo negativo. Hace ya algunos años asistieron Mario Benedetti, Augusto Monterroso y Cristina Perí Rossí, entre otros, a impartir una conferencia sobre el exilio; Perí Rossí y Benedetti hablaron del exilio como algo atroz, en tanto que el maestro Monterroso habló de un exilio alegre, el cual le cambió la suerte e incluso hizo madurar su escritura. Todo escritor es un guerrero y tiene que tener presente que al adentrarse en el laberinto de las letras tendrá, desde el inicio, que aceptarse como un exiliado.
La mayoría de los escritores han tocado otras tierras, y ahí maduran, abren sus alas y se encuentran a sí mismos. El camino de las letras presupone un camino hacia el exilio; cuando un hombre de letras, llámese escritor o lector, se encuentra a kilómetros de la tierra que lo vio nacer, debe ser capaz de conservar su identidad. Existen escritores que apenas han pasado algunos meses fuera de su ciudad, y con eso les basta para olvidar el acento, la lengua, la identidad que caracteriza a su pueblo. Pero los hay que regresan y asumen el papel de demostrar lo que ahora son, dentro y fuera de casa. Yo, tarde o temprano habré de despedirme de México, aún no tengo idea de qué país me acogerá y me dará asilo cultural, pero regresaré a vivir con los amigos, con las prostitutas de mi juventud, volveré a convivir con los hermanos y habré de hablar de mi exilio en el cual fui feliz sintiéndome solo.
Ahora bien, existe el exilio del desamor, ¿cuántos están exentos de no sufrir el exilio de una mujer? Cuando ellas tienen que partir, y nosotros, por razones que no conocemos –tal vez cobardía– nos quedamos en el mismo lugar, y a regañadientes aceptamos su partida… En este caso, el exilio no radica en el que se va, sino en el que se queda y sufre una soledad tan desolada. O cuando llegas a casa y ella, su cuerpo, su esencia, ya nunca más tocarán tu cama, la ausencia de una mujer es nuestro propio exilio. Por eso los hombres que escriben imaginan, sueñan, siempre habrán de sentirse exiliados, porque la imaginación a menudo es cruel: te imaginas estando a su lado, viviendo con ella, bebiendo del mismo vaso, mirando el mismo techo que osa con caerles encima, y nada importa, porque de acabarse la vida, será para ambos, para esa mujer dulce y bondadosa, que te hace sentir dulce y bondadoso, no importa, porque el chelo, la pluma y la hoja, correrían la misma suerte. Cuando el mundo te exilia en pareja, nada tiene importancia; pero cuando tu imaginación se echa a volar y visualizas imágenes futuras que no serán vividas, es ahí donde tu imaginación te juega una broma macabra, porque tarde o temprano sentirás la cabeza sobre tus hombros y descubrirás que siempre has estado exiliado de la mujer que imaginaste sería tu exilio en pareja. Yo me siento así, no encuentro fórmula para creer mis mentiras por un periodo largo, del tamaño de mi vida. No hay castigo más cruel que sentirse ajeno a la mujer que miraste en aquel sueño, ese que siempre está presente en tu vida, es ahí cuando debes cobrar fuerza, avalar la imaginación con mentiras, reforzarla con una dosis de locura, que sin duda ayuda a estar cerca de la mujer que imaginas a tu lado, aunque no lo esté, aunque ella se encuentre lejos y no sepa de tu existencia, y la única esperanza es esperar a que ella se sienta exiliada, para así juntar los dos exilios y volverlos uno solo.
Si lográramos creerlo de por vida, ¿a quién demonios le importaría el exilio?

2: Escriban sus comentarios, críticas y más críticas y nada de elogios a: u_vid

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