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A criterio deColumnasUlises Vidal

Al derecho y al revés


Ahora que no estas no sé quién soy y tú no sabes a qué hueles.

1: Fragmento “Rota de ti”. Ella maltrató tanto la esperanza, él trataba de mantenerla erguida, pero sus constantes ataques la redujeron a cenizas, y si era cierto que el amor nace de una chispa, también es cierto que requiere de mucho tiempo para volver a ser llama, y ese trabajo él ya no sabía si quería hacerlo, pensaba que quien mataba la esperanza, debía ser quien intentara reavivarla, a él solo concernía mantener después de ello, el fuego azul del cual haría un incendio.

2: Me preguntan que si extraño los lugares que visité con ella y yo les digo que no, los lugares pueden irse al carajo, lo que los hacía especiales era su presencia, como a mi vida misma. En casa con ella fui un hombre que bajó la guardia y bebía té, convirtió al lobo en manso cordero; pero se alejó y extravié la risa, y ahora naufrago de noche en un barco sin vela ni estrella, como un fantasma pronuncio su nombre con el vaivén de las olas, al derecho y al revés.

3: A estas horas dejo la lectura de César Aira, “Cecil Taylor”, ese cuento que a ti te gustaba tanto, dejo la lectura para dedicarte unas palabras que seguramente tú no necesitas, y que de estar aquí, a mi lado, dirías que es la mayor estupidez, pero en este instante prefiero dejarme llevar por el amor que por la amistad que no permite este tipo de cosas. Me transportaste a otro universo, y me dejaste varado sin brújula, como a ti te gustaba caminar por las calles de Barcelona. Mira que a qué tonto se le puede ocurrir escribirte unas palabras, cuando Juan Villoro ya lo ha hecho, cuando el maestro Vila-Matas que te estima demasiado ya ha hurgado en tu vida y te ha escrito seis páginas en donde lo dice todo; el mismo dios de la poesía, Nicanor Parra te ha dedicado sus versos. Pero aún así estoy seguro que te tomarías unos minutos para leer mis sentimientos a tu persona, porque tú leías sin parpadear cualquier escrito, menos a Cela y a Umbral claro está, y no me digas que estoy peor que ellos porque este escrito aquí terminaría, dame el beneficio de la duda y no me juzgues sin tiempo. Lo que sucede es que me has destrozado el corazón, y he decidido coger al toro por los cuernos y jugarme la vida en estas líneas, pero mira nada más qué macanudo, torear a uno de los mejores animales sin haber tomado nunca el capote. Pues aquí me tienes, sobrio por primera vez en muchas horas, intentando seducirte con tu propia materia prima y por si fuera poco, tú jugando de local, con palabras de por medio, aún sabiendo que en este territorio, tú te mueves como pez en el agua. Me hubiese gustado conocerte, charlar lunfardo de poesía y de amores que matan de dolor dolorido; pero te fuiste llevándote el cielo, mira que los grandes habían respetado el cielo con sus estrellas varadas en el lejano horizonte. Te hubiese compartido mi hígado con sus adicciones y sus miles de quites que le ha hecho a esta víscera bomba, porque estarás de acuerdo que cuando un corazón está fracturado, el hígado entra al quite, cuestión de camaradería, pues te decía que me hubiese quitado el hígado y lo hubiese puesto en tus manos, para que hicieras lo que te viniera en gana, tirarlo, quemarlo, ahogarlo en alcohol, o quizá usarlo para darme vida, ahora pienso que te obsequiaría mi hígado a cambio de unas cuantas palabras paridas de tu boca, que seguramente quemaría por no saber qué hacer con ellas. Perdona el atrevimiento, maestro Bolaño, perdona que miente madres cuando por ti pregunto en algunas librerías y te niegan como si solo les pertenecieras a ellos, perdona que no quepa en mi asombro y cada noche te nombre. Te adelantaste como tantos otros maestros, ahora estás con Cortázar, con Borges, con Perec, supongo que en este mundo ya lo habías descubierto todo, supongo que deseabas adelantarte y escribir acerca de la muerte del otro lado del polo. Te lloro, Roberto, porque he quedado huérfano de ejemplo, huérfano de amigo, huérfano de esencia. Joven príncipe, estoy seguro que así te nombra Shakespiare al otro lado, a cada instante diste muestras de grandeza, en cada novela que escribiste se iba parte de tu alma, para obsequiarnos algo de ti, justo sería que hubiese devuelto parte de mi cuerpo con el simple hecho de escuchar tus palabras, mira que irte así sin darle ventajas a la muerte. Pero antes de seguir con este texto carta, déjame presentar, me llamo Ulises y no precisamente Lima, como tu detective salvaje, aunque parte de su vida se asemeja a mi alter ego. ¿Si tan solo supieras cuánto me has ayudado? Cuán cerrados tenía los ojos antes de leerte, por ti me desplacé al gran Bruno Montané e hice mía su poesía, por ti la luna dejó de ser luna para convertirse en luz negra que cubre mi abismo, como ya te habrás dado cuenta soy pésimo escritor, y para colmo de males intento vivir de esto, solo espero poder resistir los embates de tu crítica al otro lado de la acera. Recuerdo bien esa plática cibernética que tuviste con el maestro Ricardo Píglia, en ella hablaban de los traductores y que estos juegan un punto clave dentro de la literatura, decían que grandes escritores, antes traductores hicieron excelentes traducciones de otros grandes escritores en esa época, el mismo Sergio Pitol traduciendo textos del amanuense olvidado Jerzy Andrzejewski, quién lo diría, ahora Pitol es traducido a varios idiomas y es mejor escritor que el mismo Andrzejewski; pero a lo que iba, cuando llegó a mí esa conversación, se iluminó el parque donde decidí leerlo, mi padre, lector encarnizado, me hubo de presentar el trabajo de ambos y como otra casualidad increíble, me encontraba leyendo algunos textos sobre la metadiégesis con construcción en abismo del maestro Píglia, y tu libro que era una recopilación de ensayos, y textos periodísticos “Entre Paréntesis”, moría de ganas por terminar de leer cuanto antes esa platica y descubrir cómo me cambiaría la vida, te preguntarás en que me cambió, en todo, la literatura dejó de ser un mero accidente heredado de mi padre y se constituyó en mí, como algo intangible pero que ocupaba un sitio, un lugar de puertas cerradas donde yo buscaba a cada texto derrumbar muros para llamar tu atención, para así poder respirar el aire que tú respirabas. Ahora regresaré a César Aira y veré de qué está hecho.

4: Escriban sus comentarios, críticas y más críticas y nada de elogios a: u_vidal@hotmail.com

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