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A criterio deBertha AlfaroColumnas

Ahí vamos de nuevo


En agosto del año pasado, las malas palabras anunciaron que en Tizayuca se podría revivir el proyecto del aeropuerto alterno de la Ciudad de México.

Seis meses después, un anuncio del presidente López Obrador abre la puerta a que en Hidalgo se monte un proyecto aeroportuario ambicioso.

Pero que quede claro: en el estado no se va a construir el Aeropuerto Internacional; se le contempla para formar parte de un conjunto de pistas para hacer, según ellos, más eficiente la movilidad aérea en la zona.

Y cuando digo según ellos, me refiero a los que toman las decisiones en el gobierno federal, porque todo parece indicar que aún no hay claridad de qué es exactamente lo que se piensa hacer en esta zona, aunque digan lo contrario.

De acuerdo con información de la presidencia de la república que compartió el gobernador Fayad, la idea es utilizar al máximo el aeropuerto de Toluca, construir una nueva terminal en donde hasta hace poco funcionaba el hangar presidencial, proseguir con el proyecto de Santa Lucía y, si el presidente quiere (o sea, depende de cómo haya amanecido cuando dé el anuncio final), compartirle a Hidalgo parte de este novedoso sistema aeroportuario.

Según relató el gobernador durante la visita a Santa Lucía, acompañando al presidente, le habló al oído de las bondades de considerar a Hidalgo en este gran proyecto.

Digamos que fue cuestión de colmillo y de acomodarse a las circunstancias actuales.

Imaginemos la escena: entre aplauso y aplauso, el mandatario estatal le decía: “Señor presidente, nosotros ya tenemos todo listo, incluyendo las tierras, para formar parte de esa batería de pistas que den movilidad aérea a esta zona del país”.

Y el presidente, que como era domingo estaba muy contentito, mostrando su venta de garaje, le respondió: “Va, Omar, entonces así le hacemos”.

Y fue en ese soleado domingo que, después de 18 años de estar chingue y chingue para que hubiera alguna señal, bueno, aunque sea un guiño, de que podríamos ilusionarnos con la promesa de un aeropuerto, el anuncio por fin llegó.

Claro que no va a ser un aeropuertotote, ehh, faltaba más. Eso se lo dejamos para la Secretaría de la Defensa.

El aeropuerto en cuestión, del que por cierto ya se tienen estudios, permisos, la tierra, los prospectos de constructores, hasta el nombre, podría comenzar su construcción casi, casi desde ayer.
Así que ahí vamos de nuevo.

Lo bueno es que no se va a gastar en los estudios de factibilidad, o eso creemos, porque en las administraciones de Murillo y Núñez Soto fueron carretadas de dinero, que por cierto salió del erario, como si hubiera tanta lana para andar desperdiciando en algo que parecía no tener futuro, y vean cómo nos fue.

Así que, si no hay nada que gastar, igual en una de esas el proyecto avanza y no nos quedamos como el chinito, milando.

Porque en verdad es muy triste que cada sexenio acaben con nuestras ilusiones y de plano no veamos nada de desarrollo para este pueblo tan necesitado de empleos y bienestar. O como diría mi abuela: está bien que chinguen, pero que a su madre respeten.

Palabras más, palabras menos
Durante los últimos fines de semana, las televisoras han programado una serie de películas del ídolo del pueblo, Pedro Infante, que muestran la sencillez de la vida cotidiana del campo y, al mismo tiempo, la violencia con que se resolvían los conflictos.

Si alguien se pasaba de listo o trataba de verte la cara, no viviría para contarlo.

Así que todo transcurría entre canciones, amor y balazos.

Han pasado 66 años de que el cine reflejara la violencia y, en este 2019, seguimos con la misma historia. Todo se resuelve a balazos, pero en la vida real.

Bertha Alfaro

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